¿La única obligación que tenemos en esta vida? es ...no ser imbéciles
El imbécil puede ser todo lo ágil que se quiera y dar brincos como una gacela olímpica, no se trata de eso. Si el imbécil cojea no es de los pies, si no del ánimo: Es su espíritu el debilucho y cojitranco, aunque su cuerpo pegue unas volteretas de órdago. Hay imbéciles de varios modelos, a elegir:
a) El que se cree que no quiere nada, que dice que todo le da igual, el que vive en un perpetuo bostezo o en siesta permanente, aunque tenga los ojos abiertos y no ronque.
b) El que cree que lo quiere todo, lo primero que se le presenta y lo contrario de lo que se presenta: marcharse y quedarse, bailar y estar sentado, masticar ajos y dar besos sublimes, todo a la vez.
c) El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo. Imita los quereres de sus vecinos o les lleva la contraria porque sí, todo lo que hace esta dictado por la opinión mayoritaria de los que lo rodean: es conformista sin reflexión o rebelde sin causa.
d) El que sabe que quiere y sabe lo que quiere y, más o menos, sabe por que lo quiere pero lo quiere flojito, con miedo o con poca fuerza. A fin de cuentas termina haciendo siempre lo que no quiere, y dejando lo que quiere para mañana, a ver si entonces se encuentra mas entonado.
e) El que quiere con fuerza y ferocidad, el plan bárbaro, pero se ha engañado a sí mismo sobre lo que es la realidad, se despista enormemente y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo.
Todo estos tipos de imbecilidad necesitan bastón, es decir, necesitan apoyarse en cosas de afuera, ajenas, que no tienen nada que ver con la libertad y la reflexión propias. Siento decirte que los imbéciles suelen acabar bastante mal, crea lo que crea la opinión vulgar. Cuando digo que acaban mal no me refiero a que terminen en la cárcel o fulminados por un rayo, eso solo suele pasar en las películas, si no que te aviso de que suelen fastidiarse a si mismos y nunca logran vivir la buena vida, esa que tanto nos apetece a ti y a mi. Y todavía siento más tener que informarte que síntomas de imbecilidad solemos tener casi todos; vamos, por lo menos yo me los encuentro un día si y otro también, ojalá a ti te valla mejor en el intento...
Conclusión: Alerta!, en guardia!, la imbecilidad acecha y no perdona.
Fernando Savater